top of page

Compartir el conocimiento desde una modesta experiencia

El camino hacia la comunidad en la que se encontraba la escuela primaria que se me había encomendado, era una carretera con curvas pronunciadas y se localizaba no muy cerca de la ciudad.

Como científico que soy, realizo diversas actividades entre las cuales está impartir conferencias a chicos en escuela primaria, lo cual casi lo consideraba (ah, que soberbia) mi especialidad. Irónicamente, en la carretera mientras manejaba, pensaba en la historia de la palabra serendipia. No imaginaba que, casualmente, esa mañana haría descubrimientos afortunados que me harían reflexionar sobre nuestra incapacidad de divulgar ciencia.

La primera sorpresa, al llegar a la escuela rural que contaba con tres salones de clase, fue que la directora había reunido a la pequeñísima comunidad estudiantil que constaba de unos veinte chicos de primaria y que abarcaban desde primer grado hasta sexto de primaria. La plática estaba destinada a los alumnos de sexto y para ello había considerado un público con edades entre los 11 y 12 años. El que la directora me avisara, ipso facto, llena de mucho gusto y orgullo, que hasta los “chiquitines mas pequeños” entrarían a mi conferencia me llenó de una especie de terror, suspense, sudor de testigo falso y otras cosas mas. Eso fue solo el comienzo de la película pues lo que siguió resultaba aun mas preocupante:

  • Que le parece, directora, si vamos conectando el proyector

  • Pues, mire doctor, resulta que aquí no tenemos conexiones de luz. Hijoles, que pena que no le hayan informado.

  • No se preocupe, no pasa nada, lo bueno es estar aquí con estos maravillosos niños.

Ups… mas ups y requeté ups. Claro, no se preocupe ¿eh? Pero si el que se va a preocupar soy yo. Pensé y me quedé sin mas palabras. Ante este escenario, la pena de encontrarme en condiciones tan precarias de recursos, pero tan llenas de espíritu y deseos de aprender me llevó a pensar que, en ese momento, mas que nunca, comunicaría lo poco que sabia sobre el tema “Como se descubren los medicamentos”, título que por cierto hube de cambiar dadas las condiciones, mismo que terminó llamándose “¿Y si nos hacemos bien chiquitos para ver como curan las medicinas?” Por otra parte nada que no se resuelva con, dichosa cajuela de mi auto llena de triques, una bata rota, oxidada y quemada, junto con una peluca de fiesta y sobretodo la mágica e inesperada transmutación para convertirme en un dos por tres, frente a mi pequeño auditorio, en el “Científico loco, yo lo coloco y ella lo quita” juego de palabras que debo admitir me apropié de un programa que me divertía de niño.

Después de prometer con alevosía y ventaja que comenzaría con mi espectáculo si repetían conmigo que el acido desoxiribonucleico se desoxiribonucleiquizó y el que lo desoxiribonucleiquice será un buen desoxiribonucleiquizador, entramos en tema y ya en plena catarsis comunicativa (mas bien intento comunicativo) que relataba la aventura de hacernos hipotéticamente súper chiquitos para poder ver como era una molécula; una niña pequeña, quizá la mas pequeña de todas, levantó su mano y preguntó:

  • ¿porqué no se cae la luna?

A partir de lo cual, y sin esperar mi respuesta surgió un fusilamiento de dudas, muchas de ellas basadas en la experiencia de niños que aun juegan con tierra, piedras y cochinitos, todas ellas preguntas fuera de contexto y directo a un cerebro ignorante de mi calibre.

  • ¿Porqué no me puedo levantar de los cabellos?

Remató el último, después de la despiadada vorágine que tiró dura y directa a lo mas profundo de mi ignorancia en el arte de saber responder a “chiquitos”. Había que dar respuestas o al menos alternativas a las preguntas, quizás darles la opción de responder desde su experiencia y compartir una opinión, pero nunca, eso si nunca, quedarse callado. Sin duda, una ejemplar lección de nuestra limitada capacidad para darnos a entender en un contexto fuera de nuestro ámbito académico o especialidad.

He tenido la oportunidad de formar parte de comités sinodales de estudiantes sobresalientes en su área de estudio pero que en su examen doctoral quedan inmovilizados cuando les pido explicar a sus padres, ahí presentes, su trabajo de tesis en dos minutos, de tal manera que lo puedan comprender tan claramente que ellos mismos lo puedan explicar mas adelante a otra persona. Es fácil imaginar por las que pasan estos chicos en ese momento y no por falta de capacidad de análisis, de abstracción o de conocimiento. Es por falta de habilidad comunicativa hacia los no expertos. Hay quienes dicen que somos analfabetas en materia de divulgación.

Compartir a otros no especialistas y poner a su alcance un tema científico de tal manera que lo puedan comprender en palabras simples, sencillas y en la medida de lo posible libre de tecnisismos es divulgar la ciencia. Hacer del vulgo, de la muchedumbre, de todos el conocimiento. Que maravilla.

Desde mi modesta experiencia, puedo decir que comunicar la ciencia es una tarea difícil, compleja, que requiere conocimiento del tema en cuestión y habilidades de persuasión y, sobre todo en muchas ocasiones, teatrales cuando se trata de hacerlo de forma verbal. Comunicar es una actividad meramente humana por lo que comulgo con una de las definiciones de la Academia de la Lengua Española que hace referencia al hacer a una persona partícipe de lo que se tiene. Maravillosa definición, pues si lo pensamos a detalle veremos: que al menos hay dos personas implicadas (emisor y receptor), que considera una participación (humana) y, sobretodo, que se comparte (solidariamente) lo que se tiene y cuando lo que se tiene es conocimientos debemos lanzar el boumerang lo mas lejos que se pueda. En este contexto, la ciencia, patrimonio del ser humano, es de todos y debe estar al alcance de todos. La ciencia se comparte.

Un médico puede contribuir en mucho divulgando ciencia, conocimiento que ha aprendido con tanto esfuerzo y fervor durante su formación académica si consigue que su paciente conozca el origen de su enfermedad, el fundamento de su tratamiento, la prevención de otros males entre muchas potras cosas pero eso solo lo logrará si sabe comunicarse frente a sus paciente, no doctos en el tema, en las palabras mas sencillas que los demás puedan comprender y asimilar.

No pretendo en estas pocas paginas escribir renglones teóricos sobre la divulgación de la ciencia, de lo cual reconozco que mi nivel está muy por debajo de neófito. Mas bien pretendo divulgar, así sea un poco y desde mi modesta experiencia, la necesidad de comunicar nuestro conocimiento como una de las pocas cosas que podemos retribuir nuestra sociedad. Se me viene a la mente y considero una buena idea en este punto, compartir parte del pensamiento del filósofo Ludwig Wittgenstein: "Lo que puede decirse puede decirse claramente".

Luis Chacón García

Director del Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH)

Edificio B1 Ciudad Universitaria, Morelia Mich.

 
Entradas destacadas
Vuelve pronto
Una vez que se publiquen entradas, las verás aquí.
Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags
Síguenos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square

© 2023 por UNIVERSIDAD DE LA VIDA. Creado con Wix.com

  • Facebook Round
  • Twitter Round
  • YouTube Round
  • Google Round
  • LinkedIn Round
bottom of page